Cinco tipos de decisiones con las que debes ser precavido

07 de febrero de 2020 lectura de 6 minutos

Cada día tomamos más de una centena de decisiones conscientes: ¿qué voy a desayunar?, ¿qué ropa me pondré?, ¿autopista o avenida?, ¿ascensor o escaleras?. Además tomamos miles de decisiones inconscientes relacionadas a las actividades que realizamos diariamente: caminar, comer, dormir, hablar... Esto nos lleva a contemplar la importancia de las decisiones en nuestra vida.

Estamos claros que algunas decisiones no son tan banales como el color de la corbata que usaras y a veces las malas decisiones pueden poner en riesgo nuestra carrera, nuestras relaciones e incluso nuestra propia vida.

Durante mi carrera profesional he tomado buenas y malas decisiones y así mismo he visto a mis compañeros y supervisores tomar excelentes y pésimas decisiones. En este pequeño artículo he resumido lo que a mi parecer son los tipos de decisiones en donde tenemos que tener más cuidado:

1. Decisiones importante sin preparación previa

A veces durante nuestra vida profesional nos ocurren situaciones en donde tomar una decisión rápida es vital para nuestro negocio, pero esto no siempre es así. La mayoría de las veces cuando se nos presenta un punto de decisión contamos con un tiempo para planificar, pensar e investigar un poco acerca de las ventajas y desventajas que representa cada alternativa.

Una decisión debe considerarse importante cuando su conclusión afecte el correcto bienestar de nuestro negocio, nuestros compañeros o nuestras propias metas. El elegir la opción correcta será esencial para lograr objetivos particulares y grupales. Lamentablemente no siempre estamos conscientes de esto y nos apresuramos a decidir sin apenas consultar un poco las alternativas que tenemos.

Debemos lograr despertar la intuición y la agudeza sensorial, seguir nuestros instintos, escuchar a nuestra conciencia, encontrar elementos que nos permitan detectar las decisiones importantes, no apresurarnos a tomar decisiones, investigar y evaluar muy bien todas las alternativa posibles e incluso consultar con las personas que de alguna u otra manera serán afectadas por esta decisión, es muy probable que sus puntos de vistas te den un panorama distinto al que tienes en mente o que se presenten nuevas alternativas que aún no habías evaluado.

2. Decisiones impulsivas

Con decisiones impulsivas me refiero a las que toman nuestros sentimientos por nosotros. A veces nuestra mente se nubla cuando estamos en un momento de estrés, molestia o angustia.

A todos nos ha pasado que hemos recibido un fuerte correo electrónico de un cliente, un proveedor o un supervisor con quejas, reprimendas o amenazas, palabras que nos hierven la sangre, y más aún si son mentiras o calumnias donde nos echan la culpa de retrasos, faltas e incumplimientos. Algunas veces tenemos un argumento válido para defender nuestro punto de vista, pero al momento de responderles dejamos que los sentimientos escriban muchas de las palabras y es posible que luego nos arrepintamos de ellas.

Debemos evitar a toda costa responder al instante estos mensajes, alejarnos aunque sea unos minutos, dejar todo lo que estamos haciendo, respirar, tomar aire fresco y pensar, pensar muy bien las consecuencias de nuestros actos, de nuestras palabras, incluso si es posible consultarlo con la almohada antes de responder.

3. Decisiones erradas recurrentes

A muchos nos ha ocurrido una mala racha de decisiones, un error tras otro, y terminamos inventando excusas para justificarlos: la suerte, el viernes 13 o mercurio retrogrado. Realmente los únicos culpables de este efecto bola de nieve somos nosotros. Nos dejamos llevar por los nervios, nos presionamos para tomar una buena decisión o lo que es peor, no percibimos las malas decisiones hasta que volteamos y vemos la inmensa bola de nieve que nos persigue.

Uno de los errores más comunes al momento de tomar decisiones es pensar que una vez que decidimos todo terminó: "ya salimos de esa indecisión, eso que tanto nos estaba torturando". Este es uno de los puntos más importantes en la toma de decisiones: evaluar la alternativa una vez seleccionada, puede ser buena o puede ser mala, pero es aquí donde determinaremos esto.

Si nos equivocamos es importante reconocerlo, entenderlo, aprender de ello y recapacitar. Si acertamos, debemos recolectar toda la información que nos hizo tomar esa correcta decisión y también aprender de ello. Eventualmente mejoraremos nuestra intuición y capacidades para afrontar las decisiones y esto hará que evitemos las cadenas de malas decisiones.

4. Decisiones que van en contra de tus valores y principios

Aunque este punto es subjetivo y relativo a cada persona, es importante siempre considerar nuestros valores éticos, morales y los principios por los que regimos nuestra vida. Tomar decisiones en contra de ello nos atormentará por mucho tiempo y nos generará dificultades aún más grandes en futuras decisiones que tomemos.

Siempre sé fiel a tus convicciones y tus valores. Analiza muy bien las alternativas que involucren a otras personas, si es posible consúltalo con ellos antes de tomar la decisión. Como mencioné anteriormente es posible que al escuchar a otros, te plantees nuevas opciones que no habías considerado.

5. No tomar ninguna decisión

Muchos consideran que a veces no tomar una decisión es una buena opción y estoy de acuerdo con ello, pero esto solamente se aplica si las alternativas que tienes en tus manos no son suficientemente buenas o pueden afectar de alguna u otra forma tu carrera, tu negocio o a las personas que te rodean.

Durante mi carrera profesional me he topado con personas que evitan a toda costa tomar decisiones, piensan todo el tiempo que serán castigados por sus malas decisiones y prefieren que sean otros los que decidan por ellos y así limpiar sus manos a la hora de justificar una mala decisión.

Si queremos aprender, crecer profesionalmente y ser exitosos, debemos arriesgar. En cada oportunidad de toma decisiones sabemos que existe un 50% de probabilidad de tomar la decisión correcta y un 50% de equivocarnos, la idea es ejercitarse para mejorar estas condiciones a nuestro favor y la mejor manera de ponerlo en práctica es tomando decisiones y analizando sus resultado.

Ir preparado a una batalla no te garantiza ganarla, pero de seguro te irá mejor que si no te prepararas.

En cuanto a la toma de decisiones existen infinidades de investigaciones y metodologías, aún no existe una receta o fórmula secreta para ser exitoso en cada decisión que tomamos. Lo que sí es seguro es que si analizas muy bien todas las oportunidades y alternativas estarás más consciente de los resultados y podrás analizarlos con mayor certeza que si no lo haces.

Escrito por:

Alejandro De Blasi

Entusiasta por la innovación, el liderazgo y la creatividad.

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